Secretos de Estado

Esta semana el famoso teórico político de mi país, Antonio García-Trevijano (AGT) (Enlace =>El Mundo), realiza sus típicas reflexiones a partir de uno hechos que hace tiempo ocurrieron en mi país (espionaje sobre las conductas de muchas personas consideradas influyentes en esos momentos, soporte informativo en la lucha clandestina contra el terrorismo) y manoseados por la opinión pública.

La salida a la luz de esa información dio lugar a una investigación judicial y la consiguiente desclasificación por el Gobierno de los papeles de su  Servicio Secreto. Al igual que con los papeles comprometidos de la CIA de tu país, el levantamiento del secreto suele levantar ampollas y se presta a todo tipo de teorías sobre las razones de Estado por las que no se puede hacer tal cosa. De esta forma se suceden explicaciones tan aparatosas e increíbles como que “su levantamiento menoscabaría la seguridad nacional”, “su mantenimiento forma parte de la estrategia de la defensa nacional”, “estos secretos forman parte de la información, desinformación y contrainformación de los enemigos del Estado y su conocimiento nos pondría en desventaja frente a ellos”, “el espionaje político, militar e industrial, etc. es una tarea típica de todos los Estados del mundo, así que su desaparición nos situaría en desventaja frente a ellos”, etc..

Pero la verdad suele ser más simple que todas esas máscaras, pues, como dice AGT,  “salvo en la esfera internacional y en la fabricación de armamentos, no se ha conocido ni un solo caso de secreto oficial en la vida de los Estados que no obedezca a una causa criminal al servicio de la ambición criminal y seguridad personal de los gobernantes. La historia ha desvanecido las razones de Estado...”.

AGT considera que el secreto de Estado es un concepto metafísico y represivo cuando se utiliza en política interior y una forma de escamotear el control judicial de los actos de gobierno.

 
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©2006. Lorenzo Alonso