La "pulseras de oro", una hiena con sonrisa de carmín

Ya te comente en otra ocasión que en este país siempre han dibujado las oficinas públicas como lugares lúgubres, covachuelas llenas de legajos polvorientos e inútiles y empleados taciturnos. Hoy día las cosas han cambiado un poco.

La Oficina gubernamental en la que trabajan Rocío, Carmen y otros empleados públicos está gobernada de facto por la adjunta, una mujer caprichosa, acostumbrada a ser tratada como la señora de la casa rodeada de criados. En el reglamento de organización figura un Jefe, un adjunto en quien puede delegar funciones y dos asesores para aconsejarle sobre la gestión de los proyectos que tiene encomendados. La amistad de aquella con la jefa de la Oficina le sirvió para tomar posiciones dentro de la organización. Desde el principio demostró que le gustaban las apariencias, el diseño, los “santos” y las colecciones de “cromos” censales más que el contenido de los informes. Es que la cultura de la imagen y el postmodernismo también han invadido los despachos de los burócratas.

Muchos empleados intentaron aprender a bailar para que les fuese medianamente bien las cosas, había que moverse al ritmo de la música que salía del despacho de las jefas.

Poco a poco se dieron cuenta que la amistad, la simpatía y la obediencia ciega eran los criterios imperantes, mucho más rentables que la eficiencia, la eficacia y la innovación.

En este ambiente los bailarines, los cotillas y los dicharacheros triunfaron inmediatamente.

La "Pulseras de oro"1 , adoptó una curiosa estrategia para mejor gestionar la Unidad: descabeza las distintas áreas2 , despacha directamente con quien le place sin respetar organigramas ni mandos intermedios que coordinan proyectos  relacionados, exhibe prebendas ante los súbditos y refuerza el espíritu de clan. Bajo el brillo del oro se cobija su fauna protegida:

  • hienas con sonrisa de carmín y polvo de vidrio en la vagina,
  • ratas chistosas y corrosivas,
  • siervos sin escrúpulos, preocupados por el bienestar del jefe3 ,
  • partidarios del caos como forma de organización.

Con ella lo que importa es adornar el papel, hacer de cuentacuentos y rendir pleitesía. Lo de menos es lo que cueste hacer un informe y las novedades que aporte.

Los componentes de esta fauna saben muy bien dónde pueden encontrar cobijo: el despacho de la asesora de esta Unidad, eterna oyente, confesor de desgracias de todo tipo, sin malicia aparente, el rostro amable del clan. Sus miembros lo han convertido en covachuela de peloteo, sección de quejas y deshechos, tabla de salvación de ineptos y catapulta de gráficos y cuadros inútiles.

Tal situación ha llevado a muchos a una desorientación manifiesta, pues no saben dónde están, a quién obedecer, con quién hablar, quién les traicionará. Si se mueven del lugar asignado o hacen algún comentario, temen que los miembros del clan se chiven, ensalcen sus defectos personales, publiquen sus debilidades o comenten que “últimamente está perdiendo facultades”, “es un antipático y un rencoroso”, “está aislado de los demás”, “es un gilipollas”.

El caos se ha convertido en la forma de organización de la Unidad. Sus dirigentes dicen que es una organización por proyectos. La realidad es que todos los empleados están a su disposición para que hagan lo que ellas quieran y cuando quieran, aunque se embarullen y repitan tareas. Cada gestor de un proyecto actúa con independencia de los que están al lado, hace la guerra por su cuenta, trata de salvar el pellejo como Dios le da a entender y estudia la forma de ser más agradable a la “pulseras de oro”.

Estos burócratas, a los que el Director ha dado carta blanca (al menos consiente estos desmanes o no se ha enterado de que existen), unas veces atropan competencias que otros no quieren, otras hacen el trabajo sucio de otras Unidades con el único objetivo de que el Director se fije en ellos, otras se embarcan en proyectos faraónicos que no están estipulados en las normas de desarrollo de las competencias de esa Unidad con la única finalidad de brillar un poco, etc.

¿Por qué han adoptado este método de organización, no previsto en las normas administrativas?
¿No será que es la única forma que tienen para brillar por encima de los demás?
¿No será que es la única forma que tienen de ser respetados y temidos? 4
¿O simplemente han llegado al nivel de su incompetencia y ocupan un puesto que les viene grande?

En este ambiente enrarecido, donde predomina el espíritu de clan, hasta las personas que en otro tiempo destacaron por su humor y por su ironía han sido tocadas. Estas personas, antaño inteligentes y perspicaces, para complacer a los madonas han cambiado la burla fina y disimulada, las frases burlescas sobre contenidos de aparente seriedad por la burla mordaz y cruel para ofender, humillar o despreciar algún compañero. El precio que han pagado por pertenecer al clan ha sido: olvidar la ironía y hacer gala de sarcasmo.

Cierta semana la asesora, en quien los otras dos descargaron el trabajo de base para mejor vivir como dirigentes de la nada, se fue de cursillo con el fin de actualizarse en el sistema operativo más usado hoy día y dejó solos a sus polluelos. Cuando volvió, en los primeros minutos de la mañana, desfilaron todos por su despacho, alegres y contentos.

¡Pobrecitos, habían estado solos y desamparados!

¿A quién iban a contar las maravillas de lo inútil? ¿Quién les iba a escuchar sus cuitas? ¿Qué valido les iba a servir de catapulta para lanzarles a la “eternidad administrativa?” ¿A quién iban a contar los chismes de la Unidad y las “gilipolleces” de unos cuantos funcionarios que intentaban racionalizar su trabajo?

¡Pobrecitos, qué desamparados habían estado!.

En otra ocasión la salud se olvidó de su cuerpo y tuvo que estar ausente una temporada. Los polluelos dejaron de rondar estos lares. El pasillo quedó despejado. El ajetreo disminuyó drásticamente. Los polluelos dejaron de meter bulla, ya no tenían con quien esgargatar. 5

En esta selva administrativa trabaja Rocío  gestionando un proyecto de más de 5.000 expedientes al año. Llegó a funcionaria desde una empresa que le pagaba poco y le exigía mucho. Estaba acostumbrada a dar soluciones, pues le enseñaron que plantear problemas era considerado como la mejor causa de despido. Y a darlas en el menor tiempo posible, pues había mucho dinero y prestigio en juego. Ahora lo pasa mal, se deprime y llora porque ve que las personas que son consideradas y bien catalogadas son aquellas que causan problemas, que generan papeles. Aquí las personas que dan soluciones son mal consideradas y criticadas.

Los compañeros la consuelan diciéndole que generar papeles es muy rentable, ya que haces que los jefes se sientan útiles.

Si tú lo resuelves todo ¿cómo justifican su puesto?
Si tú lo solucionas todo ¿qué trabajo les queda?

Entonces lanza hacia arriba expedientes con problemas, pero solo obtiene silencio. Busca que los jefes se impliquen con las dificultades, pero solo obtiene una bronca monumental. Elabora un informe detallado de los problemas resueltos y su posible repercusión, pero solo obtiene olvido.

Entre la maleza de esta selva administrativa han surgido  pequeños monstruos y crecido esas hierbas que al exprimirse chorrean gotas de ese  veneno sutil conocido como celos profesionales. Unos han ido creciendo al amparo de los jefes y se han alimentado de la buena educación y del compañerismo de los demás, otros han ido madurando pacientemente con el abono jerárquico (los empleados  que recogen la cosecha dicen que ejercen competencias administrativas dormidas).

A Carmen, una empleada eficiente y rápida en solucionar expedientes (gestiona un proyecto con unos 5.000 expedientes anuales), le pasaron por el morro aquél que tenía errores, olvidándose de los otros 4.999, le obligaron a reconocer su error y beber un trago de agua fresca para aliviar la sequía en la garganta, pero mezclada con ella iban gotas de aquel potingue. Atacada de los efectos alucinógenos de aquella planta, gritó alto y fuerte. Solo era un signo de supervivencia. En otra ocasión una discusión sobre una pequeña competencia la convirtió en una algarada, en una lucha sin cuartel, en una sarta de insultos por doquier. Es que en esa huida hacia el futuro que es la cotidianidad burocrática se van guardando las miserias humanas y en el fragor de la batalla salen a relucir todas.

Al final se vio que uno de los contendientes había ganado la batalla antes de empezarla en la barra del bar, tomando café con las jefas. Los contrincantes, Rocío, Carmen y compañía, pensaban que en el campo de Marte al amanecer y con los floretes afilados tendrían la oportunidad de salvar el honor que la monotonía de los despachos les negaba día a día. ¡Pobres ingenuas!,

Los miembros del clan convencieron a la jefa de que en esta vida existen los buenos y los malos, el cielo y la tierra, el mar de la tranquilidad, de la risa y de la amistad y el océano bravío de la indignación y del enfado. Y le mostraron que ellos son la bondad, la tranquilidad, la alegría, la amistad y el cielo.

  • la amistad, la simpatía y la obediencia ciega llevan al paraíso administrativo,
  • la eficacia, la eficiencia y la innovación son medios que conducen directamente a las tinieblas burocráticas.

 1  Muchos empleados de la Unidad denominan así a la adjunta por la ostentación de anillos, pulseras, collares, gargantillas, relojes y demás alhajas de oro que exhibe cada día.
2 Tiene broncas sonoras con todos aquellos que le discuten sus decisiones, se inventa tareas que sabe no serán bien recibidas, practica el puenteo, etc.
3 Clásicos practicantes de la servidumbre voluntaria: un estadio anterior a la esclavitud (ésta era obligatoria).
4 Hace siglos decía Nicolás Maquiavelo: “si no te aman, que por lo menos te teman”
5 Esgargatar: escarbar, acción que realizan las gallinas y los pollitos con las patas y el pico en los montones de tierra buscando algún gusano u otra cosa  que comer.

 
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©2006. Lorenzo Alonso