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Navidad, un bello paréntesisEl último sol de otoño atraviesa las ramas sin hojas. Las pocas que aún quedan las convierte en oro, mientras tiembla la escarcha en el aligustre. Se acerca la Navidad, ese bello paréntesis en la vida de muchas personas. Quizás este año regales cava, turrón y dulces variados; quizás visites a tus padres que viven solos durante todo el año; quizás felicites a esos amigos lejanos, con los que casi nunca hablas, con tarjetas de UNICEF; quizás compres “La Farola”1 o eches una moneda en el sombrero raído de ese mendigo que se sienta a la puerta de la iglesia. Suena un villancico alegre y te enternece. Una ráfaga de felicidad ilumina estos instantes y te hace olvidar la lucha cotidiana por los complementos salariales, la permanente reclasificación profesional, las estúpidas conclusiones del último informe, el cliente que no paga y el proveedor pelmazo. Muchos ilustrados se felicitan con frases y párrafos de Bertrand Russell, Emile Zola o Albert Camus y sus hijos sueñan con Mommo o Bastian2. Este año utilizarán a José Saramago, que, aunque es muy rojo a los ojos de las “personas de bien”, le han dado el Premio Nobel. Miras por la ventana y ves que la helada ocultó la mediocridad de los dirigentes de este país y la imbecilidad de sus altos cargos. Debajo de las hojas secas han quedado los sátrapas idiotas3 que dirigen las tribus de este bello territorio, esperando a que brille el sol para volver a lucir sus púrpuras. Entre las espinas de los rosales helados quedaron atrapados los burócratas que determinan la vida de muchas personas y los jefes que desprecian a sus empleados. Un poco más allá, sobre una rosa escarchada, ves la ceremonia del brindis que los Reyes de Suecia dieron a los galardonados con el premio Nobel. El ambiente fue delicioso y los trajes un “soplo, un sueño, una locura”. Pilar del Río4 llevaba un traje rojo y en el vuelo de la falda habían bordado una frase del “Evangelio según Jesucristo” 5, ese fragmento de conversación entre María Magdalena y Galileo en el instante fatal del adiós:
En la larga noche sentado frente al fuego, mientras lees el discurso de José Saramago7, una llama te mostrará el rostro de los jerarcas religiosos que oran por los verdugos de la libertad y hacen plegarias por las tropas que masacran a sus semejantes, otra llama te traerá un bello nacimiento con portalito, pastores, lavanderas y un pozo de agua fresca. A la mañana siguiente las cenizas forman un oscuro laberinto de creencias y leyendas. Y en el jardín la pícea, convertida en árbol navideño, hace guiños de colores y se mira en el suelo cristalino, presumiendo ante las demás plantas heladas.
1.- Es un Periódico de los marginados, que lo venden en las entradas de los Centros
Comerciales o en los semáforos importantes. |
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| ©2006. Lorenzo Alonso |