Dos aldeas: una mira al futuro,
 la otra busca su pasado

El sol desciende lentamente dibujando en el salón las siluetas de las ramas de la morera, el piano esculpe los sonidos con armonía y sensibilidad. Las notas golpean las sombras formando bellas melodías (segundo movimiento del concierto nº 5 para piano y orquesta de L.V. Beethoven).

En esta aldea los habitantes se mueven como hormigas hacendosas intentando llenar su tiempo de ocio. Van hacia el parque, hacia el campo de fútbol, hacia el taller de cerámica, hacia la clase de música , de pintura, de ballet, de idiomas,.....

Otras veces se paran a observar el comportamiento de los demás, sus gustos y sus aficiones, el ultimo modelo de vestido de la vecina o el nuevo coche del tendero.

Al lado hay otra aldea poblada de gentes, que se llaman a sí mismas auténticas, que razonan su cultura y su posición política mirando a la torre del campanario. Solo se muestran amables cuando salen a conseguir botines para su tribu, se muestran irascibles y demagogos para exaltar la pasión de pertenencia a su aldea y para poner en la picota a los intelectuales universalistas. Exaltan su solidaridad primitiva para olvidar sus problemas internos y hacer creer a todos los de la aldea que el verdadero enemigo está fuera y amenaza a la aldea.

El cielo se está pintando de color rojo alrededor del sol. Este se hunde poco a poco en una montaña algodonosa de nata.

Los primeros paseantes de la tarde nos quedamos mirando el espectáculo sideral.

Las charlas se centran en los negocios de uno, una empresa que fabrica aparatos para captar energía solar, y en las investigaciones del otro, un ingeniero especializado en energía nuclear. Sus puntos de vista son dispares pero sus ganas de conocer superan el enfrentamiento.

En la otra aldea continúan con las discusiones sobre las competencias que ellos deben asumir para prestar un servicio que ya funcionaba desde hace años. A mucha gente les da igual quien lo preste, pues lo más importante es que se haga de forma eficiente.

Mientras ellos discuten la forma de prestarlo y de financiarlo, los de la aldea de al lado ya están cansados de hacerlo ellos mismos; mientras discuten cómo fomentar la investigación y el desarrollo de nuevas actividades, los de la aldea de al lado ya tienen proyectos en marcha.

Cerca del pinar la noche ya ha caído sobre esta aldea apacible y los paseantes deciden irse a sus casas. Mañana seguirán hablando de las formas de captar y almacenar la energía solar, la posibilidad de recargar el coche eléctrico en el garaje, de los últimos premios "Fieles" para matemáticos menores de 40 años, del proyecto Genoma, de los últimos "paquetes" informáticos, de las desalinizadoras como el último y el único recurso de las ciudades del sur si quieren sobrevivir a la sequía, de muchas otras cosas que viven o que añoran.

Mientras tanto los otros aldeanos siguen discutiendo sobre sus particularidades y sus diferencias respecto de todos los demás, siguen soñando con las fronteras, con las banderas y con los himnos, siguen pensando que el enemigo está fuera. Así que no les queda tiempo para pensar en las nuevas tecnologías y  en la cultura, en J. S. Bach y en la exposición de arte popular.

 
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©2006. Lorenzo Alonso